Mazinger Z: El Leviathan.

Conocido por su célebre cita “homo homini lupus“, el hombre es un lobo para el hombre, adaptada  de la obra del comediógrafo latino Tito Maccio Plauto, Asinaria, el inglés Thomas Hobbes es el padre del Estado Moderno, así como también se le atribuye ser el iniciador, aunque tal vez inconscientemente, de la corriente filosófica utilitarista. Mientras el mundo se consumía en una lucha entre dos grandes poderes, uno terrenal y otro divino, el Rey contra el Papa, este filósofo engendró una bestia marina de siete cabezas capaz de derrocar a ambos y aunar sendos poderes en ella misma. Por eso, en la portada de su obra cúspide, el Leviathan, aparece un hombre gigante con un cetro papal en una mano y una espada real en la otra.

En la versión extendida de la canción inicial de Mazinger Z se dicen dos frases muy interesantes: “puede controlar la paz” y “el robot que hace justicia“. El robot mecánico Mazinger Z podría ser, de alguna manera, ese Leviathan: un ente con un poder suficiente para poder imponer un sistema y hacerlo cumplir. Esta es una idea muy simple, criticada y mejorada en muchas ocasiones, pero de cualquier manera, revolucionaria para su época y hasta cierto punto vigente hoy en día. ¿Apoya un sistema tiránico? Eso es, seguro, mil veces mejor que vivir en un Estado de Naturaleza, sin leyes humanas ni ningún cuerpo capaz de imponer justicia, diría Hobbes.

Pero volvamos a esas dos frases de la canción. ¿Sería capaz un ser como Mazinger Z de imponer la paz? De no ser omnipresente, parece que no podría resolver todos y cada uno de los conflictos que se generasen. Además, si por paz entendemos hermandad y bondad los unos con los otros, parece que también sería irrealizable, en tanto que la gente sólo cesaría en sus actividades malignas por miedo, no por convicción. Sin embargo, si tenemos un territorio y una población y queremos instaurar un Gobierno para crear nuestro Estado, ¿sería alguien como Mazinger Z la mejor opción? Tal vez sí lo sea en un estadio inicial y primario de éste, pues todos lo obedecerían, pero ¿sería correcto afirmar que en fases posteriores, a medida que fuese evolucionando la sociedad, Mazinger Z quedaría obsoleto? ¿Por qué motivo desearía una sociedad querer someterse a un sistema distinto a este? Hoy día, el poder del Leviathan está desfasado, pero vemos cómo mientras buscamos esa libertad que, ab initio, no teníamos con un sistema autoritario, ésta se diluye entre partidos, políticos, burocracia y otros inventos distractorios.

En segundo lugar, ¿hace Mazinger Z justicia cada vez que destruye a los robots del Doctor Infierno y su séquito de hombrecillos? Para averiguarlo, deberíamos adentrarnos en el concepto de justicia, pero han habido tantas definiciones y sugerencias, que sería imposible reunirlas todas de manera no compleja en un texto tan corto. Por ello, me referiré a la justicia Aristotélica, que entiendo es a la que se hace referencia: “dar a cada uno lo que se merece”. ¿Que los robots malignos destruyen el mundo?, pues es justo destruirlos a ellos también. Así formuló Aristóteles en su Ética a Nicómaco la justicia correctiva. Este filósofo insertó en su concepto de justicia dos atributos necesarios para que ésta existiera: la alteridad y la igualdad. Es a través de esta segunda característica que Aristóteles formula dos de sus distintos conceptos de Justicia: la distributiva y la correctiva, una que regula las relaciones del individuo con la sociedad y otra que predica de las relaciones mantenidas entre los particulares. La segunda, que es la que viene al caso, se encuentra en “el justo medio entre la pérdida de uno y la ganancia de otro”. ¿Cuál es entonces ese justo medio?¿Puede llevarse ese concepto de igualdad extrema a la práctica?¿Serían justas las desigualdades creadas a partir de la igualdad?¿Y, por qué la relación del Estado con los individuos ha de estar en un plano distinto de la mantenida entre sus ciudadanos? La respuesta a la reacción de Mazinger Z frente a los demás robots parece justificarse en virtud de  esta justicia correctiva, no obstante uno se preguntará: si Mazinger Z es el Leviathan, a él se le debería aplicar la justicia distributiva, pues él es el Estado. Sin embargo, debemos tener en cuenta que cuando destruye a “los malos”, tiene con ellos una relación no de subordinación sino de equidad.

En conclusión, ni Mazinger Z ni el Leviathan serían, probablemente, bien recibidos en nuestra sociedad, a no ser que éstos estuvieran a su vez sometidos a un poder democrático y éstos quedaran relegados a una especie de cuerpo de vigilancia o policial que hiciera cumplir las sentencias de los tribunales, aunque entonces el alma, el sino de éstos quedaría completamente destruido. Por otro lado, aunque obviamente no serían capaces de hacer a la gente buena, sí que, indudablemente, podrían imponer su solución ante cualquier conflicto. A fin de cuentas, preferimos una ilusión de libertad en la toma de decisiones y la participación institucional a un gobierno que nos diga qué hacer, aunque sus soluciones fueren más justas que las nuestras.

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